
Los mayores suelen aconsejarnos que nunca mostremos nuestro dinero en público, ni "fardemos" de él, porque podemos quedarnos sin nuestros billetes.
En una ocasión había conseguido un buen fajo de dinero, me lo habían dado en billetes de cinco, de diez y de veinte euros. El problema es que soy un poco maniático con eso; me gusta tener el dinero ordenadito: los billetes de cinco, más pequeños, delante, los de diez después, y finalmente los de veinte, más grandes.