La prensa defendía a capa y espada a las autoridades, éstas viéndose inundadas de quejas por algunos vecinos ante el despropósito que se había realizado públicamente el 21 de enero de 1917 en la Plaza de Toros de Madrid, donde se puso para divertimento público la lucha a muerte entre un toro (de nombre "Papelero") y un tigre (llamado "Babul"). Dicha prensa decía que ese tipo de espectáculos eran habituales en toda España y que "nunca pasaba nada" y a las autoridades no se les criticaba por semejante barbarie.
El populacho reunido pudo presenciar cómo el toro veía agonizar a su contrincante (en la imagen), no contentos con el espectáculo no menos denigrante de las corridas de toros convencionales. Y es que ya puestos a defender barbaries, pues llega un momento en que cualquier acto de esta índole llega a parecer normal y admisible.
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